La esencia se condensa en el buen conducir de la vida, para un buen gobierno del Estado, (caridad,justicia, y respeto a la jeraquía, vigilancia de los detractores), el cuidado de la tradición, el estudio, la meditación para el ejercicio y la intolerancia a la incostitucionalidad. Las máximas virtudes son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, amor al prójimo, el respeto a los mayores y antepasados. Si el Presidente es virtuoso, sus súbditos imitarán su ejemplo. Una sociedad próspera sólo se conseguirá si se mantienen estas relaciones en plena armonía. El objetivo de esta conducta es influir, también, en las costumbres del pueblo. Para consumar sus proyectos sociales, se debe seguir las indicaciones y una serie de mandatos de un personal de gobierno coherentes a los deberes de su cargo, cada superior tiene la obligación de supervisión y cada inferior de ejecutar.
Pero todo esto es según Confucio, y yo pregunto ¿ Tomará en cuenta este gobierno estos principios refiriéndome a cada uno de los que trabajan en el aparato estatal, al menos parte de enseñanzas como estas, tan antiguas, así como el abuso de poder, la corrupción, el peculado, el tráfico de influencias y la indiferencia de hacer algo al respecto?.
Más allá de pretender un Gobierno perfecto, o la ilusión de personas así de calificadas, se trata de una guía a seguir. Pero, lamentablemente estas virtudes son el resultado de una experiencia personal de transmutación de valores y principios universales vividas y expuestas aún en su propia contra por las realidades actuales de los gobiernos en general.
Lo que si es irrefutable completamente es que el mismo tiempo se encarga de traer los cambios de autoridades por diversas vías, y es entonces una nueva oportunidad para reflexionar a conciencia experimental y racional, si apoyar a otros o involucrarse directamente.
jueves, 2 de septiembre de 2010
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